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jueves, 14 de octubre de 2010

RECUERDO DE UN SER ENTRAÑABLE MOTOR DE MI NUEVA ETAPA CREADORA

Desde hace tiempo, sólo hablo del arte de los grandes maestros del pasado y algunos del presente, tanto de los que por un gran oficio son capaces de realizar notables obras, bajo mi punto de vista, las actuales carentes de comunicación pero ricas en maestría. El realismo o el impresionismo son dos movimientos excepcionales, del segundo he de decir que disfrute como nadie se puede imaginar. En ellos o a través de ellos quise dejar memoria de un pasado, no mío, tal vez de los fantasma que intuí deambulaban por esas calles del barrio viejo de Valencia. De los perros y caballos que pinte, para mí fue el orgullo de poder mostrar la belleza y la nobleza de esos animales y con un placer por todos ya que dentro de su inconsciencia les he dado perpetuidad a su imagen. Todos los que pinte tuve el gran placer de conocer y aún mas, convivir con ellos y eso si que es grande. De entre todos quiero dejar patente la nobleza y su  gran carga de personalidad de mi última perrita que vivió con nosotros durante más de dieciocho años. Pepa, así se llamaba, era de una gran personalidad donde su reducido tamaño no la amedrantaba anta nada ni ante nadie, los tenía muy bien puestos y así la muestro, pues tuve la suerte de pintarla tal y como era, aparentemente tranquila pero siempre vigilante para que no se colara ningún gato por nuestro territorio, una de tantas obligaciones que ella se había tomado.
Fue compañera de muchas de mis obras, y su criterio era decisivo en cada una de ellas. siempre a mis pies, dormitaba paciente mientras yo inmerso en mi trabajo, sentía su presencia entre sus largos y placenteros suspiros. Cualquier movimiento mío fuera de lo normal del manejo de mis pinceles, la ponía en alerta, ¿cuál iba a ser el próximo paso a dar?  su mirada esperaba siempre alguna de mis preguntas, las órdenes se las pasaba por el forro, pues tal vez nos íbamos a dar un paseo, lo que más le gustaba, ya que su territorio lo tenía ampliado al toda la manzana y siempre estaba deseosa de controlar que todos los pipis de los demás canes, correspondía a los ya conocidos y autorizados por ella, a pasear por dicho territorio.
Su inteligente mirada mostraba un alto grado de conocimiento de la obra que estaba realizando, si mi trabajo no le gustaba, se ponía en pie daba media vuelta y desparecía, eso me hacía pensar donde me había equivocado o que tal vez la información que estaba colocando en la obra, era confusa o excesiva incluso enrevesada o excesivamente complicada, por lo que me veía obligado a reposar y analizar el tema y en muchas ocasiones dar un giro de la obra de ciento ochenta grados. Esta operación podía costarme en muchas ocasiones, varios meses, en otras, las menos un par de días.

Así transcurrían mis días, era pequeña pero grande en sus empujones para que mi espacio creativo no decayera, no era mi musa, si mi impulso como lo sigue siendo aún después de haber pasado ya algunos años de su partida al lugar donde la vida es eterna, así lo espero .

En cada una de mis obras hay algo de Pepa, su presencia sigue en mi corazón y es el que a través de ella es capaz de crear las obras que hasta ahora he pintado, he trabajado con mis hierros o esculpido en mis maderas.







1 comentario:

  1. La mía se llama Kanela y no deja de mostrarme el lado oculto de las cosas. Pepa está presente en cada mapa del alma universal que nos demuestras. Allí donde no es necesario comprender para amar.

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