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domingo, 14 de marzo de 2010

SOLUCIONADO EL PROBLEMA CULINARIO....

Hablemos de hoy que de verdad tiene su coña, pero coña marinera, pues el tema es culinario de cojones. Sé que después de leer lo que voy a contar, muchos no sabrán el por qué del título, yo sí.

La cosa está como sigue, Hoy día12 a las cinco tuve que ir la Hospital Nueve de Octubre para hacerme una revisión, más bien una biopsia por empecinamiento del médico que me atiende. Lógicamente desde que me lo dijo y presente la documentación pertinente, mi acojonamiento era severo, vamos de lujo. Hoy más que nunca y sin poder demostrarlo a mi amable, preocupada y cariñosa compañía, pues no se merecía verme atragantado por esos colgantes que tenemos algunos de mayor o menor tamaño que a duras penas me dejaba tragar la saliva, boca seca, ligero temblor en las manos y antes de hablar colocaba le lengua en su sitio para que las palabras fluyeran con normalidad. Así durante casi una hora sentados frente a la puerta del torturador (médico cirujano y radiólogo por más detalles) de pronto aparece una enfermera, bajita, regordeta, morena con media melena, pronuncia mi nombre, ¡¡¡¡¡Vicente López Alcayna!!!!!, de un salto me pongo de pie, y le doy a mi querida sufridora mis pertenencias, sólo por seguridad. Entro en una gran habitación que se compone de; un equipo de rayos x la mesa pertinente para tal efecto, ahí en medio, al fondo una mesa de despacho y pegada a la pared un banco como los de las cocinas pero con los cajones de acero. A mi derecha una habitáculo tapado con una cortina, parecía que era de plomo, de esas para preservarse de los rayos x, mas a la derecha otro mas pequeño con una puerta que creo, como asi fue, da a la sala de espera, Delante de mí una camilla con una escalerita de dos peldaños de color blaco, a mi izquierda una puerta cerrada, así que no se lo había dentro, al lado un baño, aseadito, debe de ser para que a los pacientes que les entre cagaleras puedan desahogarse con facilidad.

La buena señora (la enfermera) me da la información de los pasos a seguir. Dice así; lleva usted camiseta, respuesta no, yo me visto sólo con cuatro piezas por la época en que estamos y tres de ella está a la vista. Vale, me dice, pues de cintura para abajo se lo quita todo, dentro del vestidor (es ese habitaculito que tiene la salida a la sala de espera, tal vez para fugarse los que estén muy cagados) encontrará una sábana y una pantuflas, vale así es, todo en orden, fuera pantalones, adiós a los gayumbos me planto en los pies una especie de bolsones talla única de color verde fosfo y me enrollo la sabana tipo Sari y salgo con una vergüenza de las que hacen historia, ella la muy ladina me mira, no puedo evitar decirle lo siguiente con una temblorosa sonrisa, “ ya sé que estoy muy sexi pero conmigo no hay nada que hacer, mi jefa está ahí fuera y nos puede correr a gorrazos” por fin la primera risa, la cosa funciona, eso me anima. Se acerca a mí y me dice que me siente en la camilla mirando hacia la puerta, o sea de espaldas a toda la maquinaria clínica que hay en ese local. Pronto vendrá el doctor a hablar conmigo. Así pasa o menos veinte minutos, yo con mi Sari, sentado en una camilla y mirando una puerta de mierda. Pasado el tiempo que he mencionado aparece el tal doctor que se entretiene detrás de mi o sea en esa mesa de despacho que he descrito al principio leyendo la petición de mi galeno, ese tipo que me manda a que me hagan putadas, yo esperando que algo me diga, eso muy cagado. Tras unos minutos, no sé cuantos para mí una eternidad, se pone delante de mí y con una cara de preocupación severa me dice, es mi obligación explicarle lo que he de hacerle, ese detalle lo obvio, no es de buen gusto contarlo. Al ver tal derroche de seriedad y preocupación, para romper el hielo le espeto así sin mas, y eso doctor no me lo puede explicar con una sonrisa, como para montar un poco de fiesta ya que el que ha de estar acojonado soy yo y no usted, responde con una tímida y desorientada sonrisa, perdone, es que soy muy serio y apenas sonrío, vale, le digo pues cuando quiera empezamos la fiesta que nos lo vamos a pasar de muerte. En eso llega la enfermera, esa, la gordita y me pone una cosa en el dedo como un gran dedal y lleno de luces, sigo con mi teoría de romper el hielo y que la cosa que es a mí a quien le acojona tome cauces chistosos. Chica, le digo, ¿un dedalito para que no me pinche zurciendo?????? Ahí ya suena una carcajada por parte de ella, el “doctor” mudo y el tío es joven, no le hago más de cuarenta años, pero de leche agria el muy cabrón. A partir de ese momento ya empieza su trabajo y yo aguantar mirando el dedal, como mis pulsaciones van desde 94 a 111,  el acojono ya se va disipando, y paso sólo a 104, así que haga ese mármol su trabajo lo mejor que sepa, que lo termine y pillo puerta y me las piro cagando leches, nunca mejor dicho, como así fue. Y ese ha sido mi día, ahora a esperar resultados.

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